Las enseñanzas de Don Holubek

 Bienvenido/a una vez mas a este recinto de lectura, escucha y aprendizaje. Por favor, relaja y sentate para leer esta historia.

La vida es muy misteriosa, ¿no crees? ¿Cuánto de lo que sucede en tu vida actual es exactamente igual a como lo habías imaginado 5 años antes? ¿Algo de lo que imaginaste es real ahora?

Por mucho esfuerzo que le pongamos a intentar develar nuestro futuro, las fuerzas del universo se encargan de entramar muchas cosas diferentes. Se recurre hoy en día a brujas, a la quiromancia, a las cartas, a los astros, para traer un poco apenas de certeza a nuestro incierto camino. El ser anhela con devoción encontrar la salida del laberinto; encontrar una píldora mágica que le devele la VERDAD. Una verdad que se oculta a sí misma con una capa de invisibilidad, y que muy probablemente, siempre esté al lado nuestro.

Era ya medianoche en San Carlos de Bariloche. Tomamos un par de cervezas en el bar “La Posta” en el km 10 de la avenida Bustillos, justo sobre la gran curva en S. La cerveza de Bariloche es sin dudas la mejor del país. Allí estábamos junto a Don Holubek. Me invitó a ese bar para charlar y compartir un momento. Generalmente disfrutábamos de bardear a hippies patas sucias o chetos, a la gente que vive su vida solo porque el aire es gratis, y después brindarnos mutuas ayudas para nuestras vidas.

Don Holubek parece verdaderamente un vikingo. Cabeza totalmente rasurada con una calavera de dragón tatuada en ella; una barba larga y tupida manchada a veces por el humo del tabaco y algunas gotas de cerveza o vino. Hombre de buen beber. Sorprendía que la cantidad no le hiciera perder la línea nunca, al menos en mi presencia. Su estilo siempre fue el sarcasmo, el humor negro, la ironía; pero te habla con mirada firme y voz tensa cuando está hablando con verdad en su boca. La vida, y Don Holubek, me permitieron conocerlo. Él me abrió las puertas de un, notorio, dolido corazón en ese entonces, en sanación. Pero que aún se sostenía en pie, gracias a la inconmensurable fuerza interior que este Don guarda. Quizás sea la música, quizás sea su arte, quizás sea su instinto. Por obra y gracia del universo, lo pude conocer, y él conocerme a mí. Sentía siempre que juntos éramos un poco mas que dos “locos antisistema” hablando. Me sentía siempre en un éxtasis pocas veces vivido, por encontrar en Don Holubek un igual a mí, alguien con quien podía revelar mis mayores dudas existenciales sin el temor de la reprimenda ni la burla. Un espíritu hablándole a otro, en su mismo idioma y lenguaje.

Don Holubek tenía la costumbre de salir a caminar en total soledad por el medio del bosque. Caminando horas y horas con algunas botellas de vino o cerveza, y heavy metal siempre presente. Obviamente yo le decía que estaba loco en hacerlo. Personalmente me dio siempre mucho miedo la oscuridad, y ni hablar la oscuridad de un bosque tenebroso en la Patagonia. Pero le decía que estaba loco casi con una gota de envidia a la vez que admiración. ¿Qué descubrió Don Holubek para tener ese nivel de coraje y valentía? ¿Cómo hizo para superar esos miedos?

Siempre me insistía en que un día íbamos a salir a caminar juntos en la noche por el bosque. Yo me negaba, claro. Esa noche en aquel bar, después de un par de cervezas y charlas rejuvenecedoras entre tabacos y risas, me dijo: “Hoy vamos a caminar por el bosque”.

Yo sabía que era el momento justo. Pero me frené un poco a reflexionar.

-          -¿Usted dice? Ya sabe que me da miedo.

-          -Te vas a ir de Bariloche y no vas a haber conocido un bosque de noche.

-          -Es cierto, solo que…

-          -No seas trolo, dale. Cargamos vino y vamos.

Pagamos las cuentas, nos despedidos de la gente del bar, cargué la campera mas abrigada que tenía en el auto, y salimos.



Allí en el km 10 hay una entrada al bosque que conecta con el Barrio Virgen de las Nieves, donde al parecer, acontecen sucesos un poco extraños en Bariloche. Yo ya conocía de esas historias en boca de Don Holubek quien con gusto disfrutaba de transmitir historias de terror, a veces macabras, con una alegría y entusiasmo singular. Pero tuve que estar fuerte. Un sorbo de vino, y comenzamos a caminar.

A los 200 metros de entrar en la senda, diviso un galpón gigante que, según Holubek, albergaba una generadora eléctrica. En medio de un gigante portón de entrada estaba un hombre, todo de negro, al cual, extrañamente, no se le veía NADA de la cara. Sorprendía, porque había bastante iluminación. Pero juro que su rostro era una sola sombra. Yo ya estaba aterrado solo con eso.

-          -Acá no tenemos que frenar. No mires para allá y seguime.

-          -Pero…

-          -Shh, no hagas ruido.

Nos fuimos adentrando, cruzando pequeños arroyos y pastizales. A esas alturas, entre nieve y agua, todos mis pies estaban empapados. Me sostenía no entrar en frío la caminata continua y la adrenalina. Don Holubek no me hablaba. Caminaba hacia delante sin descanso, con una firmeza total. No miraba hacia atrás ni a sus costados. Solo en frente. En un momento, la densidad de árboles del bosque comenzó a disminuir y se empezaron a ver algunas estrellas sobre nosotros. De repente, tras subir una empinada colina, llegamos a la cima, y fue, sin dudas, uno de los mayores espectáculos nocturnos que vi en mi vida.

Nos dimos cuenta allí que era noche de luna llena. El cielo se había despejado por completo. Sentía que la noche nos daba un abrazo de bienvenida. Desde allí, se veía completo el Cerro Catedral, totalmente cubierto de nieve, bañado ahora por la plateada luz de la luna llena. Cualquier cosa que aquí pudiera escribir para describir esa visual no le haría jamás justicia.



-          -¿Viste lo que es esto? Y vos que te lo ibas a perder.

-          -No puedo creer lo que estoy viendo. Es demasiado bueno.

-          -Son algunas de las razones por las que me gusta caminar de noche solo. ¿Cuántas personas saben que esto sucede mientras duermen?

-          -Es verdad. Yo me lo estaba perdiendo por miedo también.

-          -Todos se pierden de la vida por miedos. Al final, no se disfruta ni de las cosas buenas. Destapemos otro vino y después seguimos.

Bebimos poco más de media botella bajo ese cielo inmenso, y continuamos. Don Holubek sacó de su bolso un pequeño parlante y comenzó a sonar una música muy poderosa.

-          Hoy vas a caminar como yo camino. Y con Stratovarius es mejor.

 Juro que me recorrió un escalofrío por la espalda. Veía hacia delante como el espeso bosque se nos venía encima con una oscuridad total. Apenas iluminados con la linterna de un celular, sintiendo a cada metro cada ruido del bosque. Hay que estar fuerte para no dejarse poseer por la paranoia y el terror. Receta: seguí caminando. Y si sigue habiendo miedo: seguí caminando.

En un momento, me empecé a dar cuenta que ese miedo se estaba yendo de mí. Comencé a darme cuenta que estaba junto a mi amigo, que había visto un cielo inigualable, que había dado ese paso de entrar a ese bosque, y que con eso, si sucediese alguna cosa extraña, podía morir tranquilo. Fue como un shock de realidad, de darme cuenta qué era realmente lo que importaba.

Allá a lo lejos se divisaba una boca de luz. En unos 500 metros ya habríamos finalizado el recorrido. No quería que se acabe; el bosque oscuro me mantenía atento, alerta, con la adrenalina circulando dentro de mí, haciendo al tiempo relativo, la noche haciendo a mi mente más fuerte.

Sin embargo, el recorrido finalizó. Nos abrazamos.

-          -Gracias por invitarme a caminar con vos. Solo no lo hubiese hecho nunca.

-          -No es nada. Yo lo hago siempre para darme cuenta que en realidad todos los miedos son inventados.

-          -Entrar a ese bosque solo realmente me provoca terror, pánico.

-          -Pero amigo, escuchá bien lo que te voy a decir:

“Miedo y terror te tiene que dar vivir y tener un trabajo de mierda, un trabajo que solo te da plata, pero sos infeliz. Miedo te tiene que dar una vida vacía y chata como la de esa gente que ves todos los días pasar en esos bondis del orto, con caras de miserables. Te tiene que dar miedo no luchar por tus sueños, a ser un zombie como la gran mayoría. Yo a eso le tengo miedo en serio. En el bosque cuanto mucho se te va a aparecer una nena macabra vestida de blanco y qué se yo qué más, pero eso no es del bosque; si se te aparece eso, es porque lo trajiste vos. Se te puede también aparecer un tipo que te quiera matar o violar, y si eso pasa, ¿cuál es el problema? No es culpa del bosque. Yo no es que no tenga miedo; es que le tengo mas miedo a todas esas otras cosas. Tengo miedo a ser un pobre tipo sin nada por lo que vivir. Ya conocí y salí de tantos pozos mas oscuros que este bosque por el que caminamos. Mirá si me voy a frenar ahora”

 Han pasado ya un par de años desde aquella noche, pero me siguen acompañando esas palabras de Don Holubek en cada día. Hoy quizás no tengo el mejor día; tampoco la mejor semana. Pero cuando necesito fuerzas para continuar el camino, escuchar un poco de Black Sabbath o Iron Maiden con canciones que Don Holubek me compartió, me hacen tener mayor esperanza y ver luz al final del bosque. Y también recordar que una de las grandes luces de la vida es el hecho de encontrar amigos que te van a acompañar, que te van a ayudar y enseñar lo que necesites aprender en esos momentos cruciales de nuestro recorrido. Yo agradezco a la vida por haber conocido a Don Holubek, y por haber tenido acceso a esas enseñanzas. Hoy aquí solo les comparto una de tantas.

Dice la canción de Black Sabbath, Heaven and Hell:

Bueno, sí parece real, es una ilusión.
Para cada momento de verdad, hay confusión en la vida.
El amor puede verse como la respuesta, pero nadie sangra por el bailarín.
Y sigue y sigue, sigue y sigue y sigue y sigue y sigue e incesantemente

Dicen que la vida es un carrusel
que gira rápido, tienes que montarlo bien
El mundo está lleno de reyes y reinas
Que te ciegan los ojos y te roban los sueños
Es el cielo y el infierno, oh bueno

 

Así que recordá siempre la enseñanza de Don Holubek:

Si algo te da miedo, afrontalo.

Si te da miedo, seguí caminando hacia delante.

Si te da terror, seguí caminando hacia delante.

Allá delante, está la boca de luz.

 

Este es mi humilde homenaje a un gran amigo que me dio mi la vida y mi viaje. Deseo de corazón poder transmitirles una gota de lo que significa para mí la amistad en mi vida. Mi amigo Don Holubek. Joven con alma de vikingo ancestral.

Don Holubek



¡GRACIAS POR TU LECTURA!

Mi nombre es Franco Etcheverry, y soy un viajero nómade desde 2021. Tengo 32 años y sueño con recorrer el mundo y vivir experiencias apasionantes que sacíen mi sed de curiosidad sobre la existencia espiritual en esta vida. Viajo en las rutas como excusa para viajar hacia mi interior. 

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