Tres filtros indispensables para lograr buenas relaciones
Hace unos días atrás llegó al hospedaje donde estoy una pareja joven que venía a conocer la Chapada dos Veadeiros, Brasil. Ella y él, María y Pedro, ambos de Río de Janeiro, ambos muy silenciosos y tranquilos.
La última noche que se quedaron, mientras yo preparaba la
comida, María me contó parte de su historia de vida. Hoy quiero reflexionar con vos acerca de cómo
nos vinculamos con otras personas y cómo desarrollar mejores relaciones, ya
sean de pareja, amistades o familiares.
Me sorprendió escuchar que María se había casado con Pedro a
sus jóvenes 22 años. Algo poco frecuente en nuestras épocas; no solo por la
edad, sino también por el casamiento mismo. En Argentina, al menos, es un acto
ritual que se ve cada vez menos. Y si es un casamiento, generalmente se hace
por la vía civil y no por Iglesia.
Le pregunté por qué había elegido hacerlo a esa edad. Me
dijo que había evaluado la situación y que encontró en Pedro una persona
sensata, madura, con sus mismos valores, que quería algo realmente serio y
comprometido con ella. Que la edad a veces es algo "relativo" a la
hora de tomar algunas decisiones.
Días atrás a esta conversación con María, hablé con Shirley.
Una señora gaúcha, de unos casi 70 años, que se había casado a sus 27 años a
los 3 meses de haberse conocido con su actual pareja. Llevan varias décadas de
matrimonio, y, según mi ojo, los vi realmente como una pareja alegre y feliz.
Cuando le pregunté por la receta de cómo sostener y vivir una relación de
tantos años, me dijo simplemente que había que tener en claro cuáles son tus
objetivos en la vida y encontrar a aquella persona que se dirija con vos hacia
lo mismo. Claro, en las palabras, parece fácil. En la práctica, es algo bien
distinto. Y más en estos tiempos.
Fui hurgando un poco más en la historia de María. No quiero
entrar en tantos detalles porque no tengo el permiso de ella para contarlo. En
síntesis, voy a decir que no la tuvo fácil ya desde el momento de nacer y
entrar a la vida. Sin embargo, algo que ella traía de antes, la fue guiando por
un camino diferente al de otras mujeres de su edad y/o condición. Me contaba de
su búsqueda de formar una familia junto a Pedro, de la importancia de tener un
esquema ordenado de trabajo y dinero, de que las cosas para que funcionen
precisan de una planificación y dirección. Que las parejas, para funcionar,
necesitan un planeamiento como cualquier otro proyecto.
Según lo que he podido observar, sumado a lo que he podido
experimentar en carne propia, y lo que he preguntado a gente ya desenvuelta en
años en este asunto de las relaciones humanas, mi conclusión es que esta
generación nuestra (occidental) no ve con buenos ojos la vinculación a largo
plazo. Hay una asociación de "gran responsabilidad" que se hace
difícil de sobrellevar, y un aporte de energía importante. Otro aspecto, es que
la idea de formar una familia como horizonte de realización se ha comenzado a
diluir. Y claro, esto es hasta peligroso visto como especie humana, ya que para
seguir existiendo como tal, precisamos de la reproducción, como cualquier
animal.
Hay dos factores
importantes que creo que inciden en esto:
1) Que las actuales generaciones no vieron en sus
padres y relaciones cercanas una "vida realizada". Muy
probablemente, nuestra generación no ha tenido en sus padres la expresión
concreta de un vínculo sano y poderoso de amor, de unidad, de compañerismo. Es
más, puede ser que hayamos visto todo lo contrario. Separación, dilemas
judiciales, peleas, y hasta violencia. ¿Por qué alguien que vio y vivió eso
como niño y adolescente, quisiera formar una familia? Puede que, tal vez,
alguien lo quisiera alcanzar porque no lo tuvo. Quiere realizar aquello que le
faltó y que hubiese querido. Tal vez. Pero la otra mayoría, creo que es más
probable que al no tener un "buen ejemplo" cercano, palpable,
material, no lo persigue como vía de realización personal.
2) Los factores económicos son importantes de tener en
cuenta siempre. En el mundo de hasta 30 años atrás, un matrimonio podía
vivir y solventar sus gastos con solo un ingreso de un trabajador/a registrado,
en blanco. Hoy ya no. La economía mundial, que si bien ha crecido en cuanto a
volúmenes netos de creación de riqueza, la realidad es que ha quedado en cada
vez menos manos, y las franjas de abajo, precisan redoblar esfuerzos para hacer
lo que nuestros abuelos hacían con solo un ingreso. Hoy, la búsqueda del dinero
se ha transformado en una búsqueda en sí misma; la idea de que la realización
se consigue en el dinero y la riqueza. Y que, tal vez, la idea de traer hijos a
este mundo, formar una familia y trabajar para sostener y construir eso, es un
esfuerzo que no vale tanto la pena. Es muy frecuente escuchar a las personas de
esta generación decir que no quieren tener hijos porque es caro tenerlos, que
es un desgaste de energía inmenso y que prefieren desarrollar su individualidad
y bienestar personal antes que volcar esas fuerzas en la idea de familia o
hijos. Lo que quiero decir, a título personal, es que tener hijos y formar una
familia, no puede definirse en base a una planilla de Excel ni a una tabla de
balance económico; más bien, no puede definirse SOLO por eso. Es
decir, si te doy una billetera infinita, ¿Tendrías a tus hijos? Habla un poco
también de la escala de valores que tenemos, de poner al dinero por delante de
nuestras decisiones trascendentes. Por lo menos en mi caso, no comparto esa
visión.
Claro que el dinero es importante para un proyecto de
familia; y claro que si hay mejores condiciones económicas, hay más
estabilidad, hay más posibilidades. Pero es que conozco de primera mano a
muchas familias que solo han sabido darle a sus hijos un poco de dinero, un
poco de materialidad y materialismo. Porque a fin de cuentas, lo MAS IMPORTANTE
que se puede aportar al núcleo familiar, es sin dudas el amor, la contención y
el apoyo mutuos. Hay y existen familias con poco dinero, pero que les sobra
amor. Y hay familias con millones, pero sin un gramo de afecto; familias sin
abrazos ni te quieros.
Nuestro tiempo actual nos ha llevado a mirarnos más a
nosotros mismos, a ser un poco más individualistas, a proyectar primero mi YO y
después todo lo demás. No creo que esté mal per sé; solo creo que nos hemos ido
al otro extremo. Creo que el desafío está en desarrollar un proyecto conjunto,
sin perder nuestra individualidad. No son proyectos antagónicos. Y esto está
demostrado empíricamente en la vida real. Hay innumerables casos de personas
que han alcanzado su éxito personal y también han desarrollado sus proyectos
familiares. Es más, la mayoría de ellos, dicen en sus entrevistas, que sin el
apoyo de sus familias no podrían haber llegado a dónde llegaron. La buena
familia, las buenas parejas, las buenas amistades, son más necesarias que
nunca. ¿Pero cómo lograr "buenas" familias, parejas o amistades?
Acá les comparto una reflexión de María acerca de cómo ella,
a muy temprana edad, decidió tener 3 filtros innegociables a la hora de evaluar
quien entra o no a su vida. Los dejo a continuación:
1) Que sea una persona inteligente: Que sepa lo que quiere, que tenga un plan para llegar a ello, que tenga capacidad de resolver, aprender y escuchar.
2) Que sea una persona bondadosa: que sepa compartir,
que sepa dar, que sepa ayudar. Que sea buena persona en cuanto a sus valores y
principios, que busque hacer el bien, que quiera un mundo mejor.
3) Que sea una persona sincera: que la verdad sea un
principio sobre el que se basa el vínculo, que la mentira sea entendida como
algo que aleja a las personas, que maltrata al vínculo y lo destruye. Una
persona dice y habla realmente de lo que le sucede, de lo que piensa, de lo que
acontece interiormente de ella, y lo expresa.
Estos son los 3 filtros de María y ante los cuales fue
sometido a prueba Pedro, su actual pareja. Y evidentemente, cumplió los
requisitos.
Me dijo además María, que todas las otras características
que uno pudiera "requerir" de otras personas, se desprenden en
realidad de esos 3 aspectos. Si es una persona trabajadora, se desprende de la
inteligencia. Si es una persona atenta, detallista, se desprende de la bondad.
Si es una persona que quiera usar sabiamente la comunicación para una buena
comprensión, se desprende de la sinceridad y la inteligencia. Y así.
Hacía tiempo que no escuchaba a una persona tan joven hablar
con tanta certeza y dirección. En tiempos donde se ha vuelto una moda encontrar
a cualquiera en las redes sociales haciendo del libertinaje casi un valor en sí
mismo. Y no es que esté mal tampoco; lo que hace daño socialmente es no ver que
el trasfondo de ese libertinaje individual y autoreferencial, se esconde en
realidad el mayor de los egoísmos. El individualismo es un egoísmo total. El
sistema de ideas filosófico de este mundo actual ataca al núcleo de la unión
social que es la familia. Todo busca atentar con la creación de la misma. ¿Por
qué? Porque es más fácil dominarnos atomizados que unidos; es más fácil
domesticarnos estando separados, distantes entre nosotros mismos.
Este mundo actual está en transición a romperse. Está a
punto de colapsar por su propio peso y se viene un nuevo esquema de ideas, de
construcción social, etc. Nadie sabe a ciencia cierta hacia dónde va todo eso.
Lo que creo que hay que hacer, es basarse en aquello que NO CAMBIA, en valores
y principios inmutables. Porque si vamos al vaivén de los cambios
superficiales, seremos siempre ovejas que quieren estar a la moda. Los valores
inmutables, siempre serán el Amor, la Bondad, la Inteligencia, la
Justicia, la Libertad, la Amistad. Sobre la base de estos principios
hay que construir y desarrollar los vínculos, sean cuales sean. Y no tengas
miedo de poner los filtros que sean necesarios. No tengas miedo a la soledad,
porque en ella vas a descubrir realmente quien sos. Y si sostenés tus filtros
con determinación y valentía, a tu vida solo van a entrar aquellas personas
afines a vos y que quieran ir en tu misma dirección.
Todo se trata de elecciones y decisiones sostenidas en el
tiempo.
La vida, sin dudas, gratifica y devuelve con creces
aquello que le pedís consistentemente.
REDES DE MARIA HERMAN:
https://www.instagram.com/mariafhermann?igsh=eGs3ZGhmb2syOGQ0
¡MUCHAS GRACIAS POR TU LECTURA!
Mi nombre es Franco Etcheverry, y soy un viajero nómade desde 2021. Tengo 32 años y sueño con recorrer el mundo y vivir experiencias apasionantes que sacíen mi sed de curiosidad sobre la existencia espiritual en esta vida. Viajo en las rutas como excusa para viajar hacia mi interior.
Quiero que también seas parte de este viaje.
Si quisieras ayudar económicamente a este proyecto, podés hacerlo mediante MERCADOPAGO (Alias:charlas.magicas)





Comentarios
Publicar un comentario