EL PODER DE LA VALENTÍA: aprende a confiar en tu salto

Era julio del 2020 y estaba hablando con una amiga, quien terminó de poner la última gota que necesitaba mi vaso para caer en cuenta de que me iba a ir de viaje, que iba a comenzar una vida nómade. En aquellos momentos, todo el mundo estaba encerrado a causa de las cuarentenas eternas. Y más aún en Argentina, donde todas las medidas fueron aplicadas al extremo, limitando las libertades de las personas al máximo. Yo estaba muy enojado con "el sistema" en aquel momento. En gran medida, mi decisión de salir de viaje fue un acto de rebeldía y de oposición ante todo eso que se presentaba en el mundo de ese entonces. Me sentía enjaulado. Más bien, sentía que me habían querido poner en una jaula. Y yo, no se los iba a permitir.

Foto del día en que comenzó este viaje. 22 de marzo de 2021. Plaza 17 de Uctubre, Río Cuarto, Cba, Argentina.

 Recuerdo que una de esas noches invernales, había ido a comer a la casa de mis tíos en Río Cuarto, que vivían a unas 5 cuadras de mi departamento. Al regresar ya eran como las 00hs y la desolación de las calles era total, ya que a partir de las 22hs todo el mundo tenía que estar en sus casas, encerrados. Yo disfrutaba de caminar en esa soledad. El silencio era profundo; vacío. Era literalmente estar en una serie de televisión o una película de ciencia ficción. A unas 3 cuadras ya de mi casa, un móvil policial dobla en la esquina y me avista. Se dirigen hacia mí encendiendo la sirena sonora y luminosa. Se ponen a mi lado, me piden que me detenga. No sé bajaron de la camioneta. El frío era grande. Me preguntaron qué hacía a esas horas por la calle, que no se podía. Les dije que había salido a caminar, que necesitaba tener un respiro.

- Te tendríamos que llevar a la comisaría, - me dijo el policía.

- Solo salí a despejarme. Si lo tiene que hacer, hágalo.

- Por esta vez, volvé a tu casa. La próxima no te la perdonamos.

Marcharon y yo continué camino. En mi casa, mastiqué rabia un buen rato. Me preguntaba cómo era posible llegar a semejante situación, dónde yo, un ciudadano de este MUNDO, tuviera que pasar por tal situación. Sin embargo, usé todas esas energías para seguir dirigiéndome hacia mi proyecto de viaje. Más enfocado aún. Sentía más ganas de querer salir a la aventura de viajar. Quería decirme a mí mismo y a mi entorno cercano (y no tan cercano), que no había que ceder. Por el contrario, había que realizar actos individuales y colectivos que demostraran que el sentimiento de LIBERTAD era mayor que el miedo y la paranoia que querían (y que lograron) instalar con un bombardeo informativo y psicosocial jamás visto en la historia de la humanidad. 

Así, fue avanzando el tiempo. Para enero/febrero del 2021 ya estaba todo encaminado. Había dejado mi trabajo en blanco (con muchísimas ganas). La dueña del negocio me dijo ese último día:

- Franco, gracias por haber trabajado acá. Fuiste una buena persona y un buen compañero. ¿No me querés llevar con vos? (Rió)

- Gracias por tus palabras. Claro que podés venir. Voy a tener lugar en el auto.

- Te estoy jodiendo. No me puedo salir de acá. Quisiera, pero no puedo.

- Sí podés. Solo que no tenés la fuerza para tomar semejante decisión. Tenés que soltar todo aquello por lo que invertiste tantos años de vida. Es difícil, lo entiendo. Pero siempre podés cambiar de vida.

- Andá vos, después yo te alcanzo (Rió nuevamente) 

Para fines de febrero, tenía todo a la venta. Vendí todo por "chauchas", como diríamos. El sillón se transformó en el cambio de freno del auto. Mi cama, se transformó en el service del auto. La mesa y sillas, se transformó en una carpa. El televisor, se transformó en bolsa de dormir. Todo así. Por eso, es verdad que la energía no se pierde; solo se transforma. Cada objeto que yo poseía, se transformó en una cosa nueva y útil para mi viaje. ¿Si fue difícil desprenderme de todo aquello? Uffff. Ni les cuento. Doloroso. En llanto cada día. Aún tengo dolor al recordar mi querida moto; algunas ropas, algunos objetos que guardaba con aprecio. Todo se fue.



Hoy, casi 4 años después, todo el equipaje, ropas, objetos que tengo, unos pocos son de aquella vida anterior mía. Pero fue un aprendizaje de vida tan poderoso que se lo recomiendo aplicar a toda persona que ya se encuentra en ese punto donde las cosas materiales se adueñaro de su vida. Hacé el intento solo de pensar en soltar, vender o regalar aquel objeto más preciado que tengas en tu casa. Fijate qué sentís. Es muy duro realmente. Pero soy testigo de que se puede y de que hay un mañana después de eso. La vida, pase lo que pase, al otro día continúa. Al otro día, el sol vuelve a salir y la luna aparece a la noche. Le damos demasiada importancia a nuestros problemas mundanos de "cosas". La cuestión importante, de verdad importante, no son tus ropas o tus objetos. Lo importante es QUÉ VAS A HACER con la vida que se te dio. Si vas a ser un alma que solo pasa sin pena ni gloria, o si vas a ser un alma que tenga la voluntad de expresar en su vida al menos un poco de su esencia. ¿Es una presión? ¡Claro que sí! Toda persona que quiere una mejor vida tiene que enfrentarse al desafío de hacer y construir algo que casi no tiene receta. Hay guías, hay libros, hay experiencias. Pero el camino lo tenés que caminar vos solito/a.

Ñiriguau, Bariloche, Arg.


Recuerdo la noche anterior a salir de viaje; la noche del 21 de marzo del 2021. Me agarró un miedo increíble. No me podía mover de la cama; estaba totalmente a oscuras. Sentí y vi en mi mente, una especie de dementor, hablándome, diciéndome que no lo haga, que no tenía sentido alguno, que yo ya era feliz, que no necesitaba demostrarme ni demostrar a los demás nada. Estuve a un pelo de desistir de mi viaje, lo juro. Pero me sostuvo mi espíritu; me sostuvo mi voz interior que me dijo: "Vas a vivir lo que quieras vivir".

Agarré fuerzas. Escuché esa noche muchas veces la canción "Wait a minute". Por alguna razón, esa canción esa noche, me salvó. Me hizo centrarme. Fue una noche de terror profundo. Más agudo aún que cuando ves una película de terror. Porque el miedo que aquí te posee, es un miedo que nace de lo más profundo de tu inconsciente. Y como la mente sabe cuáles son tus mayores miedos, te hace ver las escenas de terror que más te van a asustar. ¿Estás preparado/a? 

Día de despedida de mi familia. 

Yo siempre te voy a animar a que lo hagas, a que des ese salto. Porque la verdad es que es de las pocas cosas que valen realmente la pena vivir. Yo sé que tal vez no tengas esa confianza en vos mismo/a. ¿Pero sabés qué? Esa confianza la comenzás a ganar cuando precisamente das esos saltos. La confianza aparece cuando te animás a tomar decisiones importantes. La confianza aparece cuando, después de ciertos intentos, das en la tecla. La confianza aparece cuando podés acostarte a la noche y decirte a vos mismo: "Hoy fui fiel a lo que quiero y deseo".

Escuchá bien. El miedo es parte inherente del ser humano. Nuestra parte animal siempre va a sentir miedo. Pero el CORAJE y la VALENTÍA son aspectos del Espíritu; esa parte de nuestro ser que nos va a impulsar directo hacia nuestros sueños.

Nadie sabe qué letras quedarán escritas en tu historia al final de los días. Yo solo recomiendo tratar de vivir una vida tal que cuando llegue el fin de nuestros tiempos en esta existencia, uno mismo se pueda mirar al espejo y decir: "Viví lo que quería vivir".

¡Abrazo bien grande para vos!

Desde aquí, dónde estoy, te envío todas las fuerzas.

Todo va a valer la pena; te lo juro.


¡MUCHAS GRACIAS POR TU LECTURA!

Mi nombre es Franco Etcheverry, y soy un viajero nómade desde 2021. Tengo 32 años y sueño con recorrer el mundo y vivir experiencias apasionantes que sacíen mi sed de curiosidad sobre la existencia espiritual en esta vida. Viajo en las rutas como excusa para viajar hacia mi interior. 

Quiero que también seas parte de este viaje.

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