Lejos de casa



Hola, ¿cómo estás? Desde ya, gracias nuevamente por estar acá en este espacio de lectura y reflexión. Y si estás llegando por primera vez, bienvenido/a.

Hoy quiero compartirte una emoción que me estuvo merodeando estos últimos días, y fiel al estilo del blog, ojalá te sea también de ayuda en tu vida la reflexión que voy a hacer.

Unas semanas atrás escribí en este mismo blog sobre “EL PRECIO DE TUS SUEÑOS”. Ahí, expuse una serie de cosas a las que vas a enfrentarte cuando quieras ir por tus metas en la vida, los obstáculos, los pros y los contras, etc. En esta ocasión, atravesado por estas fechas importantes del año como lo son Navidad y Año Nuevo, me puse un poco triste la verdad a causa de esos “precios” que tengo que pagar.

Desde que comenzó mi viaje en marzo del 2021, ya son 4 navidades y serán 4 años nuevos lejos de mi familia, amigos y gente querida. No puedo evitar en estas fechas sentir una profunda nostalgia por aquellas cenas del 24 de diciembre a la noche, los preparativos, el olor a asado en las calles, la gente vistiéndose linda para la ocasión, los niños ansiando sus regalos.

Pese a que ya son 4 las ocasiones donde paso estas fechas “lejos”, no me he acostumbrado aún. Tampoco es que quiera hacer de esto una costumbre, porque la verdad es que eran fechas que realmente disfrutaba mucho. Creo que son/eran mis fechas favoritas del año. Yo creía que era ya un tipo desapegado; pero a medida que fui haciendo mi recorrido en estos últimos años, me fui dando cuenta de las cosas que valoraba mucho y de mis apegos emocionales.

¿Es un costo alto de pagar? Si, con certeza que sí.

¿Y por qué se lo paga? A veces porque el sueño es apenas un poco mayor que esa red de emociones; y otras veces es por cuestiones materiales, honestamente.

Asado con mi familia y amigos. Elena, Córdoba, Argentina.

Hablando con mi familia en estos días, les decía que no es que yo quiera estar lejos de ellos en estas fechas. Honestamente me gustaría MUCHO pasar esta semana de navidad y año nuevo con ellos y luego retomar viaje en el punto donde estaba. Para eso, preciso de tomarme un avión desde Brasil a Córdoba, un par de colectivos y ya está. Claro, eso cuesta un dinero y, en este momento, es un dinero que no poseo. Creo que parte de los aspectos positivos del dinero (del que ya escribí la semana pasada en “No tengo nada, pero tengo todo”) es el hecho de poder actuar a voluntad, por ejemplo, en estas situaciones. Me jode, por otro lado, aún no haber resuelto ese dilema en mi vida para poder estar cuando quiera y donde quiera cerca de la gente que quiero. Yo siempre supe que a esto me enfrentaba cuando salí de viaje; y creo que subestimé mis emociones.

Esta navidad del 2024 la pasé junto a una amiga brasilera en la ciudad de Mariana, Minas Gerais. Mano a mano, algo de comida, charlas y un poco de vino para celebrar. Después de medianoche, hablé con mi familia por teléfono y ahí ya me invadió la plena nostalgia. Terminé esos llamados nocturnos y después me fui al baño a soltar unas lágrimas. Además, vengo sintiendo que me estoy perdiendo el crecimiento de mis dos sobrinos, Fran y Tomi, y quiera o no, eso me pesa. Extraño mucho a mi amigo Marcos, al Lucas, al Herbo, al Christo, al Toni, al Tukas, a los Facus, el Eze, la Yose, la Ana, la Bren. Se hacen amigos nuevos en el camino, pero siempre teñidos de despedidas constantes. Me pesa y me disgusta.

Creo que estas fechas hacen que salgan a la luz muchos asuntos incómodos. Cada viajero creo que vivirá estas fechas lejos de sus seres queridos a su manera; cada uno luchando contra esa nostalgia a su manera. Creo que también es necesario preguntarse en estos momentos si vale la pena tanto esfuerzo. Mi respuesta sigue siendo que sí. Pero hay días en que creés que no. Es una realidad. Te vas convenciendo de lo que hacés a medida que vas viviendo lo que QUERÉS VIVIR. Cuando ese combustible se acaba, creo que se debe apagar todo el sueño. Serán cosas para ver en el futuro.

Tarde de primavera junto a mis amigos en Rio Cuarto, Córdoba, Argentina.

Al atravesar estas situaciones, puedo comprender algunas otras cosas de la vida. Por ejemplo, siempre me sorprendía cuando los jugadores de futbol o deportistas de élite pasaban cumpleaños en la concentración con su selección nacional o en competencias y siempre decían que era parte de los sacrificios que debían hacer. En ese tiempo, yo decía: “Bue, los ves todo el año, los tenés siempre con vos. Un día no te va a hacer nada”. Pero claro, cuando pasas TODOS los cumpleaños sin ellos a causa de tus elecciones de vida, profesión, trabajo o por cumplir tu sueño, ahí se vuelve un verdadero sacrificio, algo doloroso. Ahora los entiendo a la perfección. El problema está cuando QUERÉS, pero hay una causa que te justifica para NO PODER. No es que yo NO PUEDA estar con mi familia en estas fechas; es que “NO PUEDO” porque estoy eligiendo otras cosas por sobre esa elección. Y esa disyuntiva realmente es contrariante y, honestamente, no la tengo resuelta.

Entonces, quiero mostrarte también esta parte del camino, de los viajes y aventuras. Si estás pensando en una vida nómade o en una vida que implique estar lejos de los tuyos, tenés que saber a lo que te vas a enfrentar. Lamentablemente es el precio que toda persona que ha llegado a grandes cosas en su vida ha tenido que pagar; no importa en qué área de la vida lo extrapoles y hagas la analogía. Músicos, deportistas, viajeros, pintores, actores, científicos, empresarios, etc. Todos pagan la tarifa.

Espero que este texto te ayude en la orientación de tu propio recorrido personal y que sientas que no estás solo/a en este camino. Somos varios, solo que no hacemos mucho ruido porque nos encanta el silencio y la contemplación. Te mando un gran abrazo y fuerzas en estas fechas que “tiran”. Estar lejos, duele. Por eso el desafío es equilibrar la balanza con vivencias que compensen siempre y que te den, a fin de cuentas, un saldo positivo. Se trata de luchar contra ese sentimiento de soledad que siempre nos acecha. No hay que darle con el gusto.

¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!


¡GRACIAS POR TU LECTURA!

Mi nombre es Franco Etcheverry, y soy un viajero nómade desde 2021. Tengo 32 años y sueño con recorrer el mundo y vivir experiencias apasionantes que sacíen mi sed de curiosidad sobre la existencia espiritual en esta vida. Viajo en las rutas como excusa para viajar hacia mi interior. 

Quiero que también seas parte de este viaje.

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