Guía para tomar BUENAS DECISIONES
Tomar buenas decisiones te acercan a la felicidad, te lo aseguro.
Como había hablado en el artículo anterior, el precio de los sueños suele ser un precio bastante alto a pagar. Casi en su mayoría, ni siquiera es una cuestión material, sino inmaterial.
Para lograr cualquier
objetivo o meta, es preciso ir haciendo un caminito hasta llegar a ese punto
que queremos. Ese camino se va trazando en base a la TOMA DE DECISIONES.
Todas las cosas buenas
de vivir en este mundo, ganadas por cuenta propia, precisan de que tomes decisiones
para ir dando un paso a la vez hacia tu punto de llegada. Hay buenas y malas
decisiones. La BUENAS DECISIONES son aquellas que como resultado te acercan a
tu objetivo y te provocan VITALIDAD, ALEGRÍA y CRECIMIENTO. En cambio, las
MALAS DECISIOENES, te alejan de tu objetivo, te quitan energía y te provocan
pena y tristeza.
Pero claro, nadie nace sabiendo tomar buenas decisiones. Hay algunas personas que, por su crianza o algo innato, tienen mas desarrollado ese “talento”. Pero no te preocupes, porque vos también podés practicarlo y mejorar tu habilidad para la toma de decisiones y te voy a dar aquí algunas claves para que las apliques y resuelvas mejor tus sucesos diarios de la vida.
Hay que tomar
conciencia de que ni siquiera entramos a la vida y al mundo tomando la decisión
de hacerlo. Es el OTRO (disfrazado de madre y padre), quien decide por
nosotros. Tampoco elegimos qué padres tener, en qué familia nacer, con qué
pasar económico, etc. No decidimos sobre nada. ¿Es así realmente? Bueno, es y
no es. Yo creo que, en realidad, en un plano espiritual, SI ELEGIMOS cuándo,
dónde, cómo, con quienes nacer y entrar a la vida. Nuestro espíritu toma esa
decisión para favorecer nuestro crecimiento. Entonces, es algo inmaterial,
sutil, lo que signa nuestras decisiones más importantes. Pero también es
cierto, que casi todos nosotros entramos a la vida sin saber absolutamente nada
de esas decisiones espirituales tomadas. Simplemente nos fuimos encontrando con
la realidad circundante.
Una vez entrados a la
vida, estamos completamente indefensos y vulnerables; entonces precisamos de la
AYUDA de nuestros padres o cuidadores para poder subsistir. Que nos alimenten,
que nos bañen, que nos abriguen, etc. Entramos a la vida dependiendo de los
demás. Y lo mas curioso de todos, es que pese a ser, supuestamente, la especie “mas
inteligente y desarrollada” del mundo, tardamos muchos años en adquirir
independencia de nuestros tutores, a diferencia de como ocurre en el reino
animal, donde las crías a las poquísimas horas de vida ya tienen hasta
autonomía de su cuerpo y en apenas días ya pueden hacerse de comida y un refugio.
Es el INSTINTO el que los guía. ¿Por qué a nosotros no?
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La carga acumulada en
nuestra etapa de bebés y de niños, en donde prácticamente todo está determinado
por el OTRO, nos limita en nuestra toma de decisiones autónoma e independiente.
Vamos aprendiendo a base prueba y error; en base a placer y dolor; a cosas que
probamos y nos gustan y otras que no. Pero llega un momento de la vida, quizás
ya en la adolescencia, donde se nos empieza a habilitar un mundo nuevo que es
el de la responsabilidad en cuanto a la toma de decisiones de qué queremos hacer.
Creo que la primera GRAN
DECISIÓN que recuerdo haber tomado en mi vida fue a los 14 años. Tomé la decisión
de cortar relación con quien en ese entonces era mi mejor amigo. Ambos
trabajábamos en un lavadero de autos los fines de semana, finalizada la semana
escolar. En ese verano, habíamos caído en cuenta de que estábamos ganando muy
poco y que teníamos que ir a pedirle un aumento a nuestro patrón. Nos
coordinamos para hacer el pedido los dos juntos frente a nuestro jefe
finalizado el turno del sábado. Yo, como gremialista joven, hablé primero y di
mi parecer. El jefe miró a mi amigo y le preguntó: ¿Vos pensás lo mismo que el
Franco? Y el respondió: “no, para mí está bien lo que estamos ganando”.
Todos los días tomamos cientos de microdecisiones. A qué hora levantarnos, la ropa que usaremos, si vamos a desayunar o no; qué haremos en el día, etc. Esas decisiones no cargan peso sobre nosotros porque no nos ponen de lleno frente a elecciones tipo “vida o muerte” y que pudiesen provocar cambios irreparables o sustanciales en nuestro destino. Cuando llega el momento de tomar una decisión importante, lo preferible es hacer el esfuerzo de mirar con la mayor objetividad posible al suceso y luego, intento aplicar la siguiente cronología de pasos:
1. Contemplación: en
este primer momento, hay que respirar hondo y ponerse a pensar y meditar sobre
la situación. Muchas veces las decisiones a tomar no son buscadas, sino que nos
toman por sorpresa. Es muy importante mantener la clama si es una situación
estresante y pensar lo mas frío posible sobre qué hacer. Claro, hay decisiones que debés tomar sin
ningún tiempo disponible; yo voy a hablar de las decsiones que se pueden
meditar medianamente al menos.
2. No actuar en
caliente: pensar en frío es una cualidad que muy pocos adquieren a la hora de
tomar decisiones. Es más, la cultura occidental en general felicita a aquellas
personas impulsivas que quedan presas de sus pasiones emocionales. Nuestro ser
se compone no solo de corazón, sino también de mente; entonces ¿Por qué no usar
la mente para tomar decisiones del corazón y viceversa? Actuar en caliente e
impulsivamente a la hora de tomar decisiones te va a traer mas insatisfacciones
que gratificaciones. Que actúes con mente fría no te convierte en un ser
insensible; te convierte en alguien que integra sus cualidades en función de su
crecimiento personal e interior.
3. ¿QUÉ QUIERO HACER REALMENTE?
Este estadío es muy importante. Porque acá, las emociones pueden nublar el
juicio, y el exceso de mente puede apagar la llama. El justo equilibrio es la
búsqueda. ¿Pero cómo saber que estamos haciendo lo que realmente queremos hacer/decidir?
Muchas veces, las buenas decisiones no son en apariencia convenientes, y no son
tampoco lo que nuestro corazón quisiera. Una parte lógica nuestra sabe por dónde
va el camino y otra no quiere saber nada al respecto. Acontece con mayor habitualidad
en cuestiones del amor, por ejemplo, a la hora cortar con una persona a la cual
queremos mucho, pero que sabemos que ya no va para más. El corazón frena, pero
la mente entiende que hay que tomar la decisión correcta; y en una pugna
equilibrada y empatada ¿qué/quién lo define? Pues es el INDIVIDUO, que apela al
aspecto espiritual de su ser; y por medio del instinto, la contemplación activa
y la invocación de la Sabiduría, superará el suceso. Además de preguntarnos qué
es lo que realmente quiero hacer, hay que acompañarlo con las preguntas siguientes:
¿Esta decisión me ayuda y me favorece en mi crecimiento personal? ¿Me
convierte en una mejor persona? ¿Me conviene en función de mis objetivos de
vida y sueños?
4. Pedir consejos: No
hay persona de éxito en la toma de decisiones que no sea también un gran consultante
de consejos de otras personas. Desde los mayores emperadores de la historia de
la humanidad, hasta Juancito Pérez que quiere comprar su primer auto, pidieron
y pedirán consejos. El consejo aclara muchas veces lo que estaba nublado porque
esa persona, tal vez, ya recorrió ese camino que vos estás atravesando. La voz
de la experiencia es una aliada ineludible para nuestra toma de decisiones acertadas.
Yo recomiendo siempre pedir consejos a personas que te conozcan bien; que sepan
de tu recorrido y hacia dónde vas, personas que quieran tu bienestar y
crecimiento. Personas que además no tengan temor a decirte lo que tu corazón no
quiere escuchar. Personas que te alienten a tomar riesgos sin ser un kamikaze. A
veces, las personas más frías, brindan los mejores consejos. Claro, un consejo
no es una palabra santa; es simplemente una ayuda y un punto de vista. En
definitiva, la responsabilidad siempre será TODA TUYA porque quien decide y
sentencia, sos vos y nadie mas que vos. Jamás responsabilices a nadie por los
consejos que te brindó; a veces, simplemente no decidimos bien y ya. Recordá
que vos fuiste quien los pidió.
5. Ejecutar la decisión
meditada: bueno, esta es la parte que no nos gusta. Cuando tenemos que tomar
una decisión importante siempre hay algo que tendremos que sacrificar. Acá, nunca
se gana al 100%. Siempre implica riesgo y un determinado salto al vació. Casi
nunca vas a estar seguro del todo; siempre habrá una cuota de duda de si
habremos hecho bien o mal; si fue o no lo correcto. Si esperás a estar 100%
seguro, si esperás un escenario “ideal”, vas a caer en una frustración. Pero
una vez tomada la decisión, solo queda aguardar, ver y tomar las consecuencias de
la misma. Para las personas indecisas, es decir, personas que con frecuencia tienen
tentación por diferentes posibilidades de elección y no ejecutan con celeridad,
es una tortura el correr del tiempo y cargan con la mochila de la decisión a tomar
por largos periodos de tiempo. Incluso llegan a resignarse y a no tomar acción
y dejar que la vida les pase por encima. Es recomendable hacer lo posible por
tomar la decisión lo más pronto posible (luego de cumplir los pasos anteriores)
para no estirar el estrés de la situación. Una cabeza mas aliviada, libera
espacio para ejecutar otras decisiones y abordar otros problemas. Funciona
igual que la memoria RAM de una computadora.
Las consecuencias a veces son inmediatas, otras veces toman mas tiempo. Pero llegarán. Lo importante acá es comprender el verdadero sentido de la RESPONSABILIDAD, que es HACERSE CARGO POR COMPLETO DE LAS DECISIONES QUE TOMO Y SUS CONSECUENCIAS.
Esto es un brevísimo
resumen de los pasos que, al menos yo, recomiendo a la hora de tomar decisiones
importantes. Cada uno de los puntos
precisa un desarrollo mas completo y en otras ocasiones lo abordaremos. Nadie
nació sabiendo, y podés convertirte en un gran tomador de buenas decisiones. Nadie
jamás acierta el 100% de sus decisones. Como siempre, es en la práctica donde
se crece y se avanza. No le tengas miedo a decidir con convicción; porque lo único
que no tiene arreglo, es la muerte. Siempre que tomes decisiones que no atenten
contra tu vida, serán decisiones VITALES y te harán crecer, madurar y ser un mejor
ser humano. Lo importante, también es ver y comprender que nuestro propio
crecimiento ayudará a otras personas cuando estén en la misma situación que nosotros
estuvimos y así podremos decir: “Mi consejo es…”
¡GRACIAS POR TU LECTURA!
Mi nombre es Franco Etcheverry, y soy un viajero nómade desde 2021. Tengo 32 años y sueño con recorrer el mundo y vivir experiencias apasionantes que sacíen mi sed de curiosidad sobre la existencia espiritual en esta vida. Viajo en las rutas como excusa para viajar hacia mi interior.
Quiero que también seas parte de este viaje.
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