Deja que el destino haga su trabajo

 

Una de estas mañanas aquí en Brasil, estaba charlando con Ayanne, la mujer que trabaja en la posada de Paraty donde hago mi voluntariado. Hablábamos de cómo la vida a veces se desenvuelve de maneras misteriosas y cómo muchas veces los planes que uno se traza, mudan repentinamente. Por lo general, cuando eso sucede me planteo dos preguntas. La primera es si ese nuevo cambio de planes es realmente lo que quiero hacer y si me ayuda a mi crecimiento, o me brinda una aventura en mi vida que quiera descubrir y vivir. La segunda, es preguntarme si el plan anterior estaba bien establecido.

Primer viaje al norte argentino. 2016

Este blog se vuelve para mi una especie de espacio catártico y de reflexión cada vez que escribo. Entonces quiero aprovechar para compartirlo con vos, que te tomás tu tiempo para leer, e intentar que sea algo valioso para nuestras vidas y nuestro desarrollo.

Hace apenas dos meses yo estaba en Ushuaia, y mi vida estaba en un impasse importante. Había tomado la decisión de quedarme un tiempo más en esa ciudad porque estaba en pareja y ella vivía allí. Estuvimos evaluando siempre la posibilidad de viajar juntos, de armar una vida nómade en conjunto. Pero por muchas variables en el medio, la cosa no funcionó y finalizamos esa relación a los pocos días de volver a Ushuaia, luego de darle la vuelta a medio país en invierno con mi mochila.

Mi plan antiguo de ese entonces era quedarme allí hasta resolver nuestro viaje conjunto, y eso probablemente podría implicarme estar en Ushuaia un par de años inclusive. Yo estaba dispuesto a hacer ese esfuerzo; creía que valía la pena hacer el intento. La cosa no sucedió y los pocos días ya estaba partiendo a Buenos Aires y de ahí a Brasil. Es decir, en 7 días apenas, se me movió todo el mundo. Mi planificación anterior se diluyó de la nada y apareció retomar caminos nuevamente. Ahora, mis planes son otros muy diferentes, pero una cosa no cambió en absoluto: mi certeza de querer vivir nómade y en movimiento.

 

Turbal en Ushuaia, 2023.

Ya son mas de 3 años y medio que salí de Córdoba con mi auto, unos pocos pesos y un poco de comida. Si me preguntaban 5 años atrás si me imaginaba en esta vida que tengo hoy, la verdad es que hubiese dicho que estaban delirando. Ese Franco que vivía en Río Cuarto, que alquilaba, que estaba trabajando como vendedor de productos masivos, de televisión y algunos otros emprendimientos personales, mudó su vida a otro esquema totalmente distinto.

 Quizás yo era el único que no sabía bien hacia dónde iba a ir mi vida. Siempre cuento que cuando les dije a mis padres (que están divorciados desde que tengo 6 años) sobre lo que iba a vender todo e iba a partir, ambos me contestaron exactamente lo mismo: “Yo sabía que este momento iba a llegar. No sabía cuándo”.

Ahí comprendí que los padres, si han estado presentes en tu vida y te han acompañado en tu desarrollo, van a ser las personas que mas te conozcan de verdad. Lo que todavía me pregunto es por qué no me ofrecieron esa vida como posibilidad si ya sabían que yo iba para ese lado; quizás por temores, no lo sé. Preguntas para otro capítulo jaja

La cuestión es que hay muchas ideas y proyectos que tuve largos años atrás y que recién ahora estoy concretando o viendo los primeros frutos. Entendí que el desarrollo de proyectos y la concreción de nuestras metas sigue las mismas reglas del proceso de siembra, crecimiento y cosecha. Aquellas semillas de vida nómade que entraron en mi cabeza en 2016, en aquel primer viaje de mochilero al norte argentino, dieron sus primeros retoños en 2021 (¡5 años después!); la idea tener un podcast donde contase casos reales de personas que cambiaron su vida apareció en 2022 y dos años después apareció materializado. Aquellas semillas que entraron en mí de niño, a los 7/8 años, sobre conocer el Amazonas, Brasil, la selva, se van a cumplir ¡22 años más tarde!

A lo que voy, es que como nuestra mente intenta siempre ponernos en situación de dejarnos enlazados al pasado o al futuro incierto, no tomamos dimensión y conciencia de que hay muchas cosas que hemos pensado y querido y que, por la magia de las casualidades y esfuerzo, lo conseguimos. Si somos seres trascendentales, que vivimos mas allá de este plano terrenal finito, ¿qué nos importa cuánto tiempo “demore” eso que queremos lograr?

En Parque Nacional Lanin, junto a El Soberano. 2021


Aquellos triunfos que marquen un antes y un después en nuestras vidas, son HECHOS TRASCENDENTES y, por lo tanto, son HECHOS ETERNOS, que escapan al maltrato y desquicio del tiempo y la muerte. Son hechos que vivirán por siempre; son nuestra huella en nuestro universo.

Al igual que una semilla que precisa agua y cuidados, nuestras ideas también. Hay que regarlas, hay que darles su alimento. Cuando aparecen los primeros brotes, hay que darles sol, aire libre, mas alimento. Y así hasta recoger los frutos y poder COMER/DISFRUTAR de eso que tiempo atrás sembramos.

Para ofrecer otra analogía con la naturaleza, está el caso de los árboles nogales, que para pasar de ser un plantín a dar sus primeras nueces tardan unos 10 años. Y luego, cada otoño, brindarán sus frutos sin cesar hasta su día final.

Las GRANDES COSAS, los Hechos Trascendentales toman su tiempo. Hay que dejarlos madurar. Si cortás un fruto aún inmaduro, verde, perderás toda su sabor, gracia y encanto.

 En esa mañana brasilera, pocos días atrás, mientras preparábamos el “café da manha”, Ayanne deslizó esa frase que sigue resonando en mí: "deixe o destino fazer o seu trabalho"  (Deja que el destino haga su trabajo)

Esta frase, es hasta hoy la mas poderosa que me han compartido en estos más de 60 días de viaje por Brasil. Creo que en el fondo anida una gran carga de cultura brasilera. No es que tengas que ser un sujeto pasivo esperando a que la vida simplemente acontezca y suceda sin ton ni son. Es una vez salida la flecha del arco, dejar que vaya a su blanco. Es una vez sembrada la semilla y hayámosle dado agua, sol y alimento, dejar sus retoños nacer. Es permitir a TU DESTINO, del cual vos tenés las riendas, que fluya con libertad una vez que le indicaste el camino hacia dónde tenía que ir.

No te digo con esto que te relajes; te digo que confíes en que si sembraste bien y cuidaste tu proceso, vas a recoger los frutos sin ninguna duda. ¿Cuándo va a suceder? Eso es una anécdota. La paciencia es el atributo de los sabios. ¿Acaso te lo imaginás a Sócrates con de ansiedad por lo que podría ser de su vida futura?  Será el tiempo que requiera tu semilla y tu árbol; ni más, ni menos.  

Jujuy, 2016.


Hoy, por ejemplo, tengo la semilla plantada de muchos proyectos hacia delante. Te comparto el siguiente: quiero armar viajes con no más de 10 personas y que viajen conmigo a lugares que ya exploré o que voy a explorar. Y que lo hagamos de manera pura, medio salvaje, viviendo la cultura del lugar a pleno, insertándonos en el entorno. Esta idea tiene ya un año en mi cabeza y estoy regándola desde entonces. Quiero que madure y así vivir y ganar dinero a través de eso y otras cosas más. Es decir, quiero ser como Marley e Ivan de Pineda y que me paguen por viajar jaja

Hacer de mi forma y estilo de vida la fuente también de mis ingresos es un sueño que voy a conseguir; y me tomará el tiempo que requiera. Pero sucederá.

Te pregunto ahora a vos qué ideas y proyectos te quitan el sueño; esas ideas que hacen que te quedes pensando en la noche y analizando si son posibles o no. Si querés, la podés dejar en los comentarios.   

Desde ya, gracias por leer. Que, en estos tiempos de cosa líquida e inmediatez, es agua en el desierto. Gracias por acompañarme en este viaje que va por fuera pero que por sobre todo, se recorre por dentro. ¡Abrazo grande! ¡Y deja que el destino haga su trabajo!



¡GRACIAS POR TU LECTURA!

Mi nombre es Franco Etcheverry, y soy un viajero nómade desde 2021. Tengo 32 años y sueño con recorrer el mundo y vivir experiencias apasionantes que sacíen mi sed de curiosidad sobre la existencia espiritual en esta vida. Viajo en las rutas como excusa para viajar hacia mi interior. 

Quiero que también seas parte de este viaje.

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